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martes 3 de junio de 2008

El padre Damián y los motivos

El Padre Damián era un sacerdote que mediado el siglo XIX decidió entregar su vida a los leprosos. El cura se fue a vivir a la isla de Molakai, donde eran desterrados los enfermos de lepra de Haway. Sabía que nunca saldría de allí y que, inevitablemente, acabaría contagiado. Pero todo eso le daba igual. "Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo", decía el beato Damián de Veuster. Ha pasado mucho tiempo de todo eso, pero su ejemplo es extraordinario. Sin embargo, lo más relevante de su entrega no es el hecho en sí de encerrarse en una isla enferma en la que su único final posible era una muerte prematura y, obviamente, enferma. si traigo a colación su vida y ejemplo es porque él tenía eso que a la inmensa mayoría de los mortales de hoy nos falta: un motivo. El Padre Damián tenía un motivo para actuar, era consciente de que su sacrificio tenía una explicación. ese motivo, esa explicación, era Dios. (Y por todo ello está a punto de ser santificado por Roma)

Siglo y medio después, ya no hay islas de leprosos, pero existen infiernos igual de evidentes. El mal sigue presente en nuestras vidas. El problema es que nos falta un motivo, somos incapaces de encontrar una explicación que pueda justificar nuestra actitud. No movemos un dedo por nada ni nadie porque no tenemos motivos para ello. Todo esto prueba la decadencia moral que atravesamos, enredados en avances tecnológicos y fines justificados. Hemos borrado a Dios del mundo sin encontrarle un digno sustituto. Tal vez, porque no lo hay.
 
PD.- sirva este post de homenaje y agradecimiento a los profesores del colegio Sagrados Corazones de Madrid que tanto se empeñaron en acercarme la vida de Damián de Molokay