martes 3 de junio de 2008
La COPE
(03/06/08) La COPE tiene muchas virtudes y algunos defectos. Como piensa uno que las primeras son mucho más abundante que los segundos, y dado que escribo con conocimiento de causa, trataré de sintetizar la cuestión de un modo objetivo.
Una parte mayoritaria de la publicidad que ingresa la cadena (el único modo de financiación del que se nutre) procede de "La Mañana", el pograma que dirige Federico jiménez Losantos. El suyo es un programa muy suyo. Quiere esto decir que el periodismo se la trae al pairo. Discúlpeneme la expresión, pero no se me ocurre mejor modo de describir la opinión que Federico mantiene de los postulados tradicionales de la profesión. Me refiero a todo eso de la imparcialidad, la objetividad y la distancia. Al comunicador turolense le interesa la verdad, y la defiende honestamente. Pero defender honestamente la verdad no es sinónimo de acierto. Si digo que Federico defiende "la verdad" y no "su verdad" es, precisamente, proque él rechaza todo relativismo moral en este sentido. Cree fervientemente en España, en los postulados liberales, en la empresa privada, en la firmeza ante el terrorismo. Cree en todo eso y lo defiende a capa y a espada, a golpe de verborrea ilustrada. Se equivoca al dividir el planeta en buenos y malos. No porque no los haya, sino porque todas sus fobias no caben en definiciones tan complejas y profundas.
Federico Jiménez Losantos no es un periodista que transmita informaciones. De hecho, si uno aspira a enterarse de lo que pasa en el mundo escuchando su programa está equivocado. Sus seis horas de radio son muy útiles para palpar el ambiente político del país y, sobre todo, para conocer la opinión de un comunicador influyente. Muy influyente. (Esa capacidad de influir es, precisamente, la que le ha llevado a mantener una audiencia que roza los dos millones de oyentes). Pero no cuenta noticias, ni analiza los grandes conflictos internacionales. Le interesa España y la libertad. Y punto. Es por eso que, en los dos últimos meses, ha habido días en los que sólo ha hablado de la crisis del PP. No ha existido Myanmar, ni Israel, ni crisis económica, ni trasvase del Ebro, ni primarias estadounidenses. Ahora bien: nadie puede discutir su honestidad. Quiero decir que él defendía lo mismo antes y después de las elecciones y ataca con dureza a quien se ha movido de sus itio. Esto es, Rajoy. Sus formas son más que discutibles pero, como él mismo cuenta que le dijo un día a su hijo: "si no dijera las cosas de esta manera tú no estudiarías en los Estado Unidos".
Aunque la COPE no es sólo Federico, su personalísimo estilo lo impregna casi todo. Ha conseguido que en esta casa se sobrepasen límites inimaginables hace unos años. Ahora bien, si es cierto que se cometen errores garrafales, que se han llegado a dar noticias sin contrastar, que la línea editorial es excesívamente partidista, también es cierto que en los últimos años la cadena ha vivido un proceso de modernización sin parangón. Una modernización en el fondo y en la forma, en el propio concepto de radio. Ahora existe una COPE ágil, abierta a cualquier información de última hora, permanentemente ligada a la actualidad.
La mayoría de las críticas que recibe la COPE son injustas; y más aún, están dirigidas. La COPE es de los pocos medios de comunicación que se atreven a salirse del redil del progresismo oficial. Hay muchas noticias que sólo se cuentan en la COPE. Esta cadena ha demostrado una cercanía impresionante con las víctimas del terrorismo. Es una escuela impagable para estudiar los laberintos del poder. En sus pasillos se mueven, como Pedro por su casa, los grandes asuntos de la actualidad de esta España malherida. La COPE es un referente para millones de personas. Ese es su mérito y su pecado. El objetivo de cara al futuro ha de pasar por "desborregizar" a buena parte de esa audiencia que se ha acostumbrado a que piensen por ella, que se limita a repetir consignas a golpe de consigna.
Pero eso sí: que se callen los repartidores de carné de demócrata, que no den lecciones de periodismo los que sobreviven a base de filtraciones. Que amarren sus rabias los tertulianos de moqueta y puro. La libertad tiene un precio muy caro. Pero merece la pena pagarlo.